viernes, 6 de marzo de 2009

CÓMO VENDER UN PERSONAJE (¿?) TERCERA ENTREGA



¿Por qué comencé a abordar el tema de cómo se vende un personaje acudiendo a un caso límite como el de Wendy Sulca, y luego pasé por Gardiner, que llegó a asesorar a un presidente, en la película Desde el Jardín?

Porque Wendy es una niña que llegó a vender 2 millones de discos. Y porque lo que le sucedió a Gardiner en la ficción, también ha pasado en la vida real. He vivido esto muy de cerca, asesorando a candidatos presidenciales, o a quienes aspiraron a conseguir la gobernación de alguna provincia importante. Y también a intendentes. A su vez he podido llevar al primer lugar de ventas a productos que no los conocía ni su propietario, dicho esto último con premeditada exageración. Nuestra labor de conectores de personas (luego personajes) y de productos con el público consumidor, debe contar, como condición necesaria, con un espacio por donde se generarán acciones que harán que las cosas funcionen.

En dicho espacio está la honestidad. Uno trata de hacer lo mejor que puede, me refiero a que no podría aceptar el trabajo de posicionamiento de un político sospechoso o de un producto berreta. Paso, digo en el acto. No lo siento, me resiento, me resisto.

Ahora bien, la gente es la que finalmente da la venia para que alguien nos gobierne. Y, por obvio que parezca, un producto también deberá contener algo que tocará alguna fibra del target al que apunta. Aunque el pueblo se equivoca, casi siempre, me refiero a cuando elije una oferta política.

¿La voz del pueblo es la voz de Dios? Minga!

He trabajado en política durante el período del único presidente cuya honestidad no ofrece dudas: Raúl Alfonsín. Cometió errores? Pero claro, pues! Ahora, son errores que parten de las convicciones puras, muchas de las cuales pueden discutirse en otro momento. Ahí lo tienen a este demócrata auténtico, viviendo en un modesto departamento de la avenida Santa Fe. No se quedó con ningún vuelto millonario, se convirtió en un líder paradigmático por excelencia. Otros robaron desfachatadamente y se transformaron el líderes arquetípicos, es decir en lo peor que puede transformarse un líder.

Perdí dinero en épocas de Alfonsín que para qué ti voglio dire. Me pasó lo que a todos, que íbamos al supermercado a la mañana, pagábamos un precio un kilo de azúcar… y a las pocas horas subía por las nubes. Pero en mi interior sentía el orgullo de tener un presidente como él, porque nos hizo tomar conciencia de lo que era la dignidad. Repito, dignidad.

Recién restaurada la vida democrática, luego de 8 años de dictadura militar, tuvo los cojones para sentar en el banquillo a los ex comandantes de las juntas militares. (Las leyes de obediencia debida y punto final son otro cantar…) Y recordemos el boicot que le hicieron (13 paros) frente a su esfuerzo por lograr planes de estabilidad económica. Cuando su ministro de trabajo echaba venablos en contra del sindicalismo, él ponía paños fríos. Lo palpé en una reunión cara a cara, en Casa Rosada. Luego seguiré con el tema del posicionamiento político.

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Wendy es un producto comercial devenido del dolor de uno de los pueblos más ricos de América; ella debería haber nacido, como todos los peruanos, en cuna de oro y plata, literalmente, si los colonizadores españoles no hubieran diezmado el imperio del Tahuantinsuyo.

(Continuará)

2 comentarios:

María de la Paz dijo...

Hola Domingo!
En qué lío te metí! Buenísimas tus reflexiones, como siempre. Disculpá mi demora en comentar tu blog pero estos días estuve con bocha de laburo y no pude entrar.
Creo que una de las claves para vender cualquier cosa es creer en ella en el momento de elaborar el mensaje.
Acá en el trabajo las diseñadoras me cargan cuando me escuchan hablar con los clientes porque cuando ellos preguntan cómo está quedando el laburo mis respuestas suelen ser divino, hermoso, buenísimo, genial, estamos tan conformes con este trabajo, esperamos tenerlo en la mano para poder ponerlo en nuestra vitrina... en fin, y lo que se me ocurra en el momento.
El tema, que mis compañeras no entienden cuando piensan que podría vender hasta a mi madre, es que en ese instante creo fervientemente lo que estoy diciendo.
Pasa lo mismo cuando estamos pensando la campaña o la pieza. Tenés que creértelo primero vos para persuadir a los demás. Al menos, a mí me pasa eso.
Me parecía que debía ser más difícil lograr eso cuando se trata de personajes, como políticos en este último caso que estás tratando.
Podría yo vender un alfonsín o un macri con 3 generaciones de peronistas en la familia? Supongo que sí, encarándolo como vendo un producto o un servicio, lo cual me lleva a pensar en algo que me quema la cabeza: nuestra relación con la clase dirigente, nuestra decepción de la política partidaria, cosas que me superan a esta hora de la mañana. Quizás podría. A mi abuelo, q en paz descanse, se le hubiera revuelto el estómago y probablemente me hubiese retirado el saludo.
Besos y espero leer más sobre este tema!

Domingo Lupis dijo...

Gracias, querida amiga! A estas reflexiones te las debo a vos, pero es un tema que merece un asado que invitaré yo, ya les avisaré. Eso no significa que dejes de preparar algo rico, mi castigo es evidente.
Lo que decís sobre el convencimiento es tal cual. Y seguro que, como especialista en temas publicitarios, harías esas labores para gente de otro palo; al final es un trabajo técnico, hecho con honestidad.

Nuevamente, gracias por darme empuje!

besos